Cien años de soledad chino: ¿quién lo dice y por qué?
Literatura china

El Cien años de soledad chino: ¿quién lo dice y qué pruebas hay?

A El vigésimo acto, la novela de Zhou Daxin, le dicen «el Cien años de soledad chino» en una guía de la Biblioteca Municipal de Foshan, en la radio estatal CNR y en Douban. Estamos preparando su primera edición en español. ¿Hay algo detrás de la frase o es un gancho de contraportada? Aquí están las tres fuentes y lo que el libro mismo muestra.

Quién llama a El vigésimo acto el Cien años de soledad chino

Son tres fuentes y las tres se pueden abrir. La guía de la Biblioteca Municipal de Foshan, publicada en Sohu en 2018, escribe «中国的《百年孤独》», que quiere decir «el Cien años de soledad de China». El 3 de junio de 2025, CNR presentó la novela con la fórmula «被誉为», «ha sido aclamada como». Y en 2025 un lector de Douban, el sitio chino de reseñas, empleó la misma expresión.

Ninguna de las tres la firma. Hablan en impersonal, como se habla de lo que ya anda por ahí. Por eso escribimos «le dicen» y no «es»: la comparación existe y se puede rastrear, pero que sea cierta es otra pregunta.

La novela salió en julio de 1998, en la Editorial de Literatura del Pueblo, y en 2001 ganó el tercer Premio de Literatura del Pueblo. En 2008, Zhou Daxin recibió el Premio Mao Dun por otra novela. El premio lleva el nombre de Mao Dun, el autor de Medianoche, que sale más abajo.

Qué comparte el Cien años de soledad chino con el de García Márquez

Las dos siguen a una familia durante generaciones en un solo lugar, y por esa familia pasa la historia de un país. El vigésimo acto ocurre en Nanyang, en la provincia de Henan, y sigue a los Shang, dueños de un taller de seda. En este primer tomo pasan por la ciudad la rebelión de los bóxers, los caudillos, la revolución de 1911 y, al final, la guerra contra Japón. Los tomos 2 y 3 llegan hasta la quinta generación.

La diferencia es de método. García Márquez deja que lo imposible ocurra con naturalidad. Zhou Daxin trabaja con la crónica: abre el libro con documentos inventados que parecen de archivo, como un registro de estación y un memorial dirigido a un emperador Ming. Y cuando aparece algo extraordinario, como la piedra del patio que según cuentan en la calle crece sola, el libro lo deja como rumor. Quien espere realismo mágico encontrará una saga histórica con algo de leyenda.

Tres novelas para situarla

Medianoche, de Mao Dun, se publicó en 1933. Según una reseña de ChinaViva, retrata el Shanghái de esos años: especulación en bolsa, huelgas, fábricas de seda y un industrial, Wu Sunfu, que termina derrotado. La ficha de El vigésimo acto en Douban Read la resume como «巨大版的《子夜》», «una versión gigante de Medianoche». En las dos, la política decide qué pasa con una fábrica de seda. Medianoche transcurre en una gran ciudad; la novela de Zhou Daxin se queda en una de provincia y se toma décadas.

Las otras dos son referencias nuestras, para quien ya leyó novela china en español. Sorgo rojo, de Mo Yan, transcurre en Gaomi, en Shandong, a lo largo de varias décadas turbulentas del siglo XX, con bandidos y ocupación japonesa. Mo Yan recibió el Premio Nobel de Literatura en 2012, y la nota biobibliográfica del Nobel dice que su mundo literario recuerda al de Faulkner y al de García Márquez. En ambas novelas aparece la guerra contra Japón.

La buena tierra, de Pearl S. Buck, apareció en 1931, ganó el Pulitzer de 1932 y sigue a tres generaciones de una familia campesina en la China anterior a la República Popular. En la de Buck la riqueza viene de la tierra; en la de Zhou Daxin, del telar.

La seda como termómetro de la historia china

Lo que más enseña de historia en esta novela es el telar. Los Shang tejen seda y, cada vez que la política se mueve, el taller es el primero en enterarse.

La fortuna de la familia empieza con un yerno. Según el libro, la casa debe su prosperidad a un hombre que «entró en la familia»: se casó con una hija de los Shang, adoptó el apellido y, con manos de carpintero, modificó el viejo telar que hasta entonces servía solo para el algodón. Desde ese día se tejió también seda y satén.

Siglos después, a comienzos del siglo XX, el dueño del taller, Shang Anye, le tiene miedo a los conflictos. La novela lo dice sin adornos:

«Como dueño de un taller de telares, temía mucho los conflictos, porque una vez que estallaba una guerra, todo se volvería un caos y nadie tendría ganas de comprar ni sedas ni brocados.»

— Zhou Daxin, El vigésimo acto, vol. 1 (traducción de Zhang Tianqi)

La revolución de 1911 llega a Nanyang sin solemnidad. En la madrugada del 12 de octubre, según la novela, un telegrama sin firma ni destinatario anuncia la proclamación de la República. El telegrafista no sabe qué hacer con él y lo pega en la puerta de la oficina. «Que venga a verlo quienquiera que sea el destinatario de este telegrama», piensa. Después los gobiernos cambian tanto que el propio libro los compara con un carrusel.

Lo que una comparación no cuenta

Una comparación no dice qué hacen los Shang con un taller de siglos cuando el mundo cambia a su alrededor. Eso solo lo cuenta el libro. El primer tomo está en preventa y su ficha trae la sinopsis completa.