
Toshiko Tamura fue la primera mujer en Japón en vivir económicamente de la escritura. No solo eso: en los años más prolíficos de su carrera, mantenía a su marido con sus honorarios. Murió en Shanghái en 1945 siendo una de las escritoras más leídas del Japón moderno. Destinó sus regalías a fundar el primer premio literario femenino de la historia japonesa.
Y aun así, durante casi un siglo, no existió en español.
El mercado responde a lo que las personas piensan que es «literatura japonesa»

Hay una imagen muy instalada de lo que es la literatura japonesa: Basho y su silencio, Kawabata y su nieve, Ōe y su peso moral. Contemplación, refinamiento, una cierta distancia estética entre el texto y quien lo lee. Lo que yo usualmente llamo «la contemplación de la rana en el estanque». Y aunque es una imagen parcialmente cierta, lo es solo eso: en parte. Pero es una imagen que sirvió para revesitr el márketing de un interés naciente por las letras japonesas. Sin embargo, en ese proceso de afianzamiento de las letras japonesas en el mercado en español, lo que quedaba fuera de esta imagen era considerado como «arriesgado» o «anómalo». Se convirtió en un sesgo autoconfirmado de «lo que se escribía en Japón» que durante décadas dejó por fuera a autores relevantes en la escena literaria de su tiempo.
Una de ellas era Tamura. Simplemente no encajaba.
Lo que diferencia a Tamura

Sus protagonistas son mujeres que desean y se frustran, que viven atrapadas entre lo que el mundo exige de ellas y lo que quieren para sí mismas, que pelean esa tensión desde adentro y sin elegancia decorativa. La crítica de su época la describía como 官能的 — sensual, cargada de densidad sensorial — y su escritura fue considerada por la academia japonesa como «deliberadamente opuesta al japonés literario clásico», que era la norma del canon. Cuando Tamura rompió con su maestro Koda Rohan, que escribía en el estilo culto formal heredado de la antigüedad, y construyó una prosa más cercana al habla real, llegó el éxito — pero también el malentendido: los críticos masculinos la celebraban por sus «descripciones sensoriales», sin ver el pensamiento que las sostenía. Su objetivo no era solo estético, era político. Tamura en sus novelas escribía con crudeza la realidad de las mujeres después de la revolución Meiji para que, en medio de todos los cambios de la época, cambiara la situación de las mujeres.
A eso hay que sumarle que el canon japonés traducido al español ha tenido la tendencia a ser abrumadoramente masculino — Kawabata, Mishima, Tanizaki — y que el mercado editorial hispanohablante históricamente ha privilegiado a los autores que ya circulaban en inglés o en francés (en buena medida porque hasta hace un par de décadas, las ediciones en español eran traducidas de estos idiomas y no directamente del japonés). Tamura no era «uno de ellos». Y así, una de las escritoras más importantes del Japón moderno simplemente no existió en nuestra lengua.
Por qué importa que la traducción sea directa
En 2019, Tanuki publicó Un lápiz labial para una momia en español por primera vez, con traducción de Agnès Pérez Massegú directamente desde el japonés. Se financió con recursos propios, sin ningún apoyo institucional que cubriera el riesgo que suponía traducirla por primera vez al español.

Un lápiz labial para una momia
Minoru y su marido son escritores hundiéndose en el Tokio de 1913. Él no puede mantenerse a sí mismo. Ella sabe que tiene más talento que él — y también sabe que sin él no puede sobrevivir. Por ahora.
Toshiko Tamura escribió esto en 1913 con una frialdad que todavía corta.
La traducción directa no es un detalle menor cuando se trata de Tamura. Ella construyó su prosa rompiendo deliberadamente con el japonés literario clásico y acercándose al habla oral, más sencilla, pero no menos sensorial — esa fue su apuesta estilística, la que la hizo original y la que definió su voz. Cada traducción es también una interpretación: otro traductor, en otra lengua, tomará sus propias decisiones sobre cómo trasladar esos ritmos del coloquial japonés. Una traducción directa es el texto sin ese filtro intermedio, con las decisiones que ella tomó, no las que alguien más tomó después sobre su texto.
La novela fue construyendo un público lentamente hasta posicionarse como uno de los títulos más vendidos de la editorial.
El respaldo que llegó después
Con el éxito de «Un lápiz labial para una momia», cinco años más tarde, en 2024, llegó Resignación — la novela con la que Tamura ganó el premio del Osaka Asahi Shimbun en 1911, el texto que la catapultó como escritora. Esta vez, con el apoyo del Translation Support Program de la Japan Foundation, el mismo programa que había respaldado la publicación de Historia de una vieja geisha, de Kanoko Okamoto.
Que una institución japonesa dedicada a promover la literatura de su país haya elegido respaldar a una editorial independiente de Bogotá para publicar a una autora japonesa no es un gesto menor. Es el tipo de reconocimiento que no se consigue haciendo lo que ya estaba hecho.

Resignación
En el Japón de 1911, Tomie escribe guiones para obras de teatro, gana un concurso público, y se empieza a labrar un nombre como escritora. La escuela donde estudia lo ve como un problema. Y su familia la necesita de vuelta en el campo.
Toshiko Tamura escribió esta novela hace más de cien años y todavía duele leerla.
Poco sabíamos nosotros que a finales de 2025, Satori Ediciones — uno de los referentes más sólidos de la literatura japonesa en el mundo hispanohablante — publicaría el mismo texto de Resignación en una traducción diferente en su libro La vida de ellas, una antología dedicada precisamente a Toshiko Tamura. Dos editoriales, en dos países distintos, llegaron por caminos distintos a la misma conclusión sobre qué valía la pena recuperar. Cuando eso ocurre con un texto que estuvo ignorado durante décadas, algo en ese texto lo explica.
Los dos libros
Un lápiz labial para una momia (1913). Una mujer atrapada en un matrimonio y en una precariedad que no eligió. El deseo y la resistencia desde lo cotidiano. Traducción directa del japonés de Agnès Pérez Massegú. $45.000 COP.
Resignación (1911). Una joven llamada Tomie entre lo que se espera de ella y lo que quiere para sí misma, en el Japón de principios del siglo XX. La novela con la que Tamura ganó el primer premio del Osaka Asahi Shimbun. Con el apoyo del Translation Support Program de la Japan Foundation. $55.000 COP.

